Ttulo: Comparacin de la prosocialidad en adolescentes con Dificultades Para Aprender

Artículo

Comparación de la prosocialidad en adolescentes con dificultades para aprender

Comparison of the prosocial behavior in adolescents with difficulties to Learn

 

Yunior Rodríguez Rodríguez1*

Luis Felipe Herrera Jiménez2

Gladya Rodríguez Gamboa3

 

1. Máster en Ciencias. Psicólogo. Profesor Asistente. Universidad Ignacio Agramonte y Loynaz. Departamento de Psicología. Carretera Circunvalación Norte, entre Avenida 26 de Julio y Camino Viejo de Nuevitas, Camagüey, Cuba.CP: 74650.

2. Doctor en Ciencias. Psicólogo, Profesor Titular Universidad Central de Las Villas. Marta Abreu. Santa Clara, Cuba.

3. Máster en Ciencias. Psicóloga, Profesora Auxiliar. Universidad de Camagüey. Carretera Circunvalación Norte, entre Avenida 26 de Julio y Camino Viejo de Nuevitas, Camagüey, Cuba. CP: 74650. Camagüey, Cuba.

 

* Autor para la correspondencia: yunior.rodriguez@reduc.edu.cu

 

RESUMEN

Se realizó un estudio con el objetivo de comparar las características de la conducta prosocial en adolescentes con dificultades para aprender (CDA) y sus pares sin este antecedente. Estuvo integrado por 44 adolescentes, distribuidos en dos grupos. Se emplearon la entrevista semiestructurada, los cuestionarios de Conducta Prosocial, Conducta Antisocial y de Aislamiento y Soledad a los adolescentes. El procesamiento de los datos se realizó a través del SPSS v.15 en español específicamente la prueba U de Mann Withney. Se apreciaron diferencias entre los grupos en cuanto a la influencia familiar. El comportamiento prosocial en ambos grupos no mostró diferencias significativas. La conducta antisocial aportó diferencias significativas con respecto a las dimensiones aislamiento y retraimiento/ansiedad sobre la dimensión de agresividad. Los indicadores de aislamiento y soledad resultaron más elevados en los adolescentes con dificultades para aprender.

Palabras clave: incapacidades del aprendizaje, conducta social, adolescentes.

 

ABSTRACT

The objective of the study was comparing the characteristics of prosocial behavior in adolescents with Difficulties to Learn and their couples without this antecedent. It was integrated by 44 adolescents. They were used the interview, the questionnaires of Prosocial Behavior, Antisocial Behavior and of Isolation and solitude to the adolescents. El prosecution of the data was carried out through the SPSS v.15 in Spanish, specifically the test U of Mann Withney. Differences were appreciated among the groups as for the family influence. The prosocial behavior in both groups didn't show significant differences. The antisocial behavior contributed significant differences with regard to the dimensions isolation and reserve/anxiety over the dimension of aggressiveness. The isolation indicators and solitude were higher in the adolescents with Difficulties to Learn.

Keywords: learning disabilities, social behavior, adolescents.

 

Recibido: 20/8/2017

Aprobado: 29/5/2018

INTRODUCCIÓN

La vida cotidiana cubana transcurre de manera inevitable. Cada día la familia, la escuela y la sociedad son objeto de cambios y profundas transformaciones donde se impone propiciar que niños y adolescentes se desarrollen de manera adecuada.

Como período evolutivo complejo la adolescencia es una etapa crucial en el desarrollo del individuo e implica múltiples cambios fisiológicos y psicológicos. Se caracteriza por un intenso crecimiento y desarrollo, hasta el punto que se llega a alcanzar, en un período relativamente corto de tiempo.(1)

En el contexto familiar el nacimiento de un hijo ocasiona cambios y reestructuración de las funciones de cada uno de sus miembros. En el caso de una familia con un hijo diagnosticado con dificultades para aprender provoca cambios y reacciones emocionales en todos sus miembros en el caso de las familias de escolares con retardo en el desarrollo psíquico es indiscutible que las reacciones consecuentes que se originan dentro del seno familiar requieren de intervenciones inmediatas que influyan positivamente en el apoyo y orientación en cuanto al manejo educativo a desarrollar con el niño.(2) Entre el 10 y el 15% de la población escolar padece algún tipo de trastorno del aprendizaje,(3) entre ellos, los adolescentes con retardo en el desarrollo constituyen una parte importante de los niños que poseen desviaciones dentro de la población general.

Actualmente se valora con mucha fuerza la idea de que en lo fundamental la actividad del individuo se encuentra dirigida hacia el futuro. Cuando la dimensión de futuro no se estructura adecuadamente en la persona o su realización es obstaculizada por factores internos o externos, la organización y el ajuste social de la personalidad pueden sufrir consecuencias negativas.(4) Por tanto, se considera, como se ha demostrado,(5) que las conductas prosociales están controladas por los reforzadores extrínsecos, los cuales son administrados en las primeras etapas de la vida y posteriormente la conducta se independiza del reforzador externo. Teniendo en cuenta lo anterior, se realiza esta investigación con el objetivo de comparar las características de la conducta prosocial en adolescentes con dificultades para aprender (CDA) y sus pares sin este antecedente.

 

DESARROLLO

La adolescencia constituye una etapa determinante desde el punto de vista psicológico para cualquier individuo. Se produce un crecimiento en todas las dimensiones. También se observan desórdenes funcionales del sistema nervioso. Se presenta un incremento de la actividad del hipotálamo, que estimula la actividad de la hipófisis, la cual produce hormonas que estimulan el funcionamiento de otras glándulas: las suprarrenales y las gonadotrópicas (ovarios y testículos).

Otro elemento de importante repercusión psicológica lo constituye el problema de la maduración temprana o tardía. Los varones acelerados son aceptados y tratados como adultos en mayor medida que los retardados, lo que refuerza, en el caso de los primeros, su independencia, mientras que, en los segundos, provoca una tendencia a ser más dependientes de la opinión social, y en ocasiones, su deseo de llamar la atención a través de conductas indisciplinadas y agresivas.(6)

Con respecto al desarrollo de los procesos cognoscitivos, el joven irá experimentando una serie de cambios que repercuten entre sí y a la vez están influidos por el desarrollo físico los cuales juegan un papel fundamental en el desarrollo de estas conductas.(7)

El pensamiento conceptual empírico, propio de la edad escolar, se transforma en pensamiento conceptual teórico. Este pensamiento se distingue, además, por ser deductivo, el adolescente no solo ve en el concepto la realidad generalizada, sino que tiene que moverse de un concepto a otro; esto es, a razonar en un plano teórico.

Por otra parte, se concibe la relación íntimo-personal adolescente-adolescente, como la actividad rectora en este período.(8) Es por eso que uno de los acontecimientos más relevantes para el desarrollo social del adolescente tiene que ver con la adquisición de unos niveles de autonomía. Sin perder de vista que el adolescente se caracteriza por su gran excitabilidad emocional. Sus sentimientos se hacen más variados y profundos y surgen nuevos sentimientos como, por ejemplo, los amorosos, logrando un mayor control consciente de la expresión de los mismos.(9)

En relación con la comunicación entre padres e hijos adolescentes, hay que destacar la conveniencia de mantener continuamente abiertos los canales de comunicación en ambos sentidos. Cuando los adolescentes carecen tanto de control como de afecto en el contexto familiar, que es lo que ocurre en el caso de los padres indiferentes, van a desarrollar problemas tanto externos (agresividad, conductas antisociales, consumo de drogas, escasa competencia social), como internos (baja autoestima, malestar psicológico).

Desde este punto de vista, resulta evidente, que están creadas las condiciones para la aparición de conductas antisociales. Sin embargo, no necesariamente la adolescencia es sinónimo de individuo antisocial. También en esta etapa usualmente se encuentran conductas prosociales con bastante frecuencia.

El estudio de la conducta prosocial, comienza con el trabajo de Rossenthal (1964). En los estudios realizados por este investigador, se aborda la temática de la ayuda que se presta a las personas en dependencia de determinadas situaciones y características de estas.(10)

Por ejemplo, cuando las personas que potencialmente pueden ayudar no están completamente seguras de lo que está ocurriendo, tienden a refrenarse y a esperar por más información.

En cuanto al tema, el papel que desempeña en la adolescencia la conducta prosocial tanto en la formación de las relaciones interpersonales positivas como en el mantenimiento del bienestar individual y social ha sido constatado en numerosos estudios.(11)

Los adolescentes que presentan este tipo de conductas suelen ser más aceptados y populares entre sus compañeros y profesores, lo que mejora su ajuste no solo en el área social, sino también en las áreas personal y escolar.

En los últimos tiempos se ha incrementado el interés por la investigación de la conducta prosocial y antisocial por su relación directa con manifestaciones conductuales socialmente deseadas y por el incremento de actos violentos realizados por adolescentes, jóvenes y en ocasiones niños en muchas naciones del mundo.(12)

Por tanto, la valoración de la conducta prosocial es una cuestión extraordinariamente importante en la mayoría de los países por su enorme repercusión personal, familiar y social.

Aunque no existe una definición universal del concepto de conducta prosocial, hay un elevado consenso en definirlo como un repertorio de comportamientos de carácter social y positivo.(13)

Como se aprecia en esta definición, se muestra la prosocialidad como una competencia en la que el individuo es portador de habilidades para las relaciones sociales. Sin embargo, no menciona que este comportamiento está dirigido al beneficio de los demás, siendo esta una característica distintiva de la prosocialidad.

Por otra parte, la prosocialidad se define como conducta de carácter voluntario y beneficiosa para los demás, por lo que se puede considerar como sinónimo de socialización.(14,15)

El desarrollo de la conducta prosocial se ha relacionado con determinantes externos como la socialización familiar, la educación, o la interacción entre iguales; así como, con determinantes personales como factores afectivos, cognitivos, de género y edad.

La prosocialidad es toda actitud y conducta que, sin buscar el propio interés, favorece al otro, hace que se desarrolle y crezca; eso implica muchas posibilidades de que se produzca una reciprocidad y una cohesión que potencie la identidad, la creatividad y la iniciativa de cada miembro de la relación. Pero siempre hay que tener en cuenta que lo básico es el beneficio y la satisfacción del receptor, lo que convierte a esta definición como la más acertada para tratar el tema de la prosocialidad, toda vez que pone énfasis en el desinterés como núcleo de las relaciones sociales y las acciones que se realizan a favor de los demás.(16)

Son prosociales aquellos comportamientos que, sin buscar una recompensa externa, favorecen a otras personas o grupos sociales y aumentan la probabilidad de generar una reciprocidad positiva de calidad y solidaridad en las relaciones interpersonales o sociales consiguientes, preservando la identidad, creatividad y la iniciativa de los individuos o grupos implicados.

Desde esta perspectiva, se enuncian varias categorías básicas de la prosocialidad.(16,17) Entre estos componentes básicos se mencionan los siguientes:

1.  Ayuda física.

2.  Servicio físico.

3.  Dar y compartir.

4.  Ayuda verbal.

5.  Consuelo verbal.

6.  Confirmación y valorización positiva del otro.

7.  Escucha profunda.

8.  Empatía.

9.  Solidaridad.

10. Presencia positiva y unidad.

Los estudios progresivos juzgan mostrar que la respuesta prosocial se torna respectivamente inalterable durante los últimos años de la infancia y los primeros años de la adolescencia.(18)

No se pretende, en este caso, hacer un análisis exhaustivo de este fenómeno, pero resulta oportuno mencionar, como uno de los factores que deterioran el desempeño escolar, las dificultades para aprender.

Las dificultades para aprender son, en la actualidad, uno de los problemas más comunes de la educación por la alta incidencia de niños y adolescentes en los que se presenta, además de las consecuencias que trae consigo por las propias características del daño. Sin lugar a dudas constituye un fenómeno que produce un fuerte impacto, en tanto ellas provocan problemas en la vida del escolar, los que no siempre desaparecen totalmente durante su desarrollo posterior, producen sentimientos de frustración que afectan la autoestima de los niños, generan experiencias negativas en la vida del propio niño y expectativas desfavorables tanto en ellos como en su entorno, producen tensión durante el proceso de estudio y diagnóstico, en los especialistas, familiares y maestros.(2)

La definición se refiere a un desorden en uno o más procesos psicológicos básicos, implicando la no adecuada comprensión, o el uso del lenguaje, hablado o escrito, lo cual puede manifestarse en una imperfecta habilidad para escuchar, pensar, leer, escribir, deletrear, o realizar cálculo matemático.

Algunos autores han planteado que la determinación de la etiología está relacionada con diversas causas:(19)

ü Causas de orden prenatal

ü Causas de orden perinatal

ü Causas de orden posnatal

En cuanto al diagnóstico, enfatiza: está la dificultad de que el rendimiento escolar es también consecuencia del aprendizaje y de la enseñanza, es decir, no es solo consecuencia de la maduración biológica. El nivel de aprendizaje de los niños depende inevitablemente de las circunstancias familiares y escolares, así como de sus propias características individuales.

Al referirse a las dificultades para aprender, se asume que estas designan las limitaciones manifiestas para la asimilación o apropiación de los contenidos de la enseñanza y que conducen a un desaprovechamiento escolar. Estas son problemas que afectan la capacidad del niño de recibir, procesar, analizar o almacenar información.(20)

El retardo en el desarrollo psíquico es una desviación en el desarrollo de los procesos psíquicos que se refleja en insuficiencias en las funciones cognoscitivas y afectivo-volitivas que obstaculizan la capacidad para aprender. Generalmente se puede suponer que el origen de estas dificultades está determinado por leves afectaciones del sistema nervioso central, y los mismos pueden compensarse considerablemente con una atención psicopedagógica individualizada.(19)

El problema esencial de estos niños es un insuficiente desarrollo psicológico como consecuencia de una inadecuada preparación para cumplir con las exigencias de la enseñanza.(2)

Las dificultades para aprender son el producto de una dinámica causal compleja y no solo de una lesión de origen biológica (genética o fisiológica), como se ha señalado tradicionalmente.

Estos adolescentes tienden a asimilar más la ayuda y más rápidamente que otros tipos de niños con necesidades educativas especiales. Esta característica permite decir que este tipo de escolar posee mayores potencialidades que los escolares con retraso mental y semejante a los escolares sin dificultad.

Se realizó un estudio no experimental, de corte transversal, en un período de tiempo desde enero hasta abril del 2014, de tipo descriptivo, sustentado en una metodología cuantitativa, para el que se conformaron dos grupos muestrales: un grupo conformado por adolescentes con antecedentes de dificultades para aprender (CDA) y otro grupo sin antecedentes de diagnóstico de dificultades para aprender (SDA).

De una población de 67 adolescentes, se seleccionaron 44 a partir de un muestreo no probabilístico, intencional puro, teniendo en cuenta criterios previamente definidos.

La investigación se realizó en 3 sesiones de trabajo: una primera sesión donde se aplicó la entrevista a los docentes sobre el desarrollo personal y escolar del adolescente, la segunda sesión donde se aplicaron las restantes técnicas. La tercera sesión de trabajo estuvo dirigida a la calificación de las técnicas y el análisis de los resultados que se realizó a través del Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) v.15 en español.

Las técnicas utilizadas fueron las siguientes:

Entrevista a los docentes sobre el desarrollo personal y escolar del adolescente.

Objetivo: Identificar los elementos significativos de la historia de vida del escolar que pudieran influir en el comportamiento prosocial.

Cuestionario de Conducta Prosocial (CC-P).

Objetivo: caracterizar la conducta prosocial de los adolescentes atendiendo a los cuatro factores que la integran.

Está integrado por un total de 58 ítems con cuatro alternativas de respuesta. Y con una resolución de cuatro factores: empatía, respeto, sociabilidad y liderazgo.

Cuestionario de Conducta Antisocial (CC-A).

Objetivo: caracterizar la conducta antisocial de los adolescentes atendiendo a los tres factores que la integran.

El CC-A elaborado por Martorell y González, tiene una estructura factorial tripartita y está compuesto por un total de 36 ítems, y con una resolución de tres factores: aislamiento, agresividad y retraimiento/ansiedad.

Cuestionario de Aislamiento y Soledad (CAS) M. M. Casullo.

Esta técnica aparece en la obra de Casullo en 1998 sobre adolescentes en riesgo.

A partir de los resultados arrojados de las técnicas aplicadas, se apreció que existen características socioeconómicas desfavorables que intervienen en el comportamiento de estos adolescentes donde se aprecia un nivel cultural bajo en la mayoría de las familias de los mismos. Esto provoca que algunas de estas familias presenten problemas de indisciplina social, desatención y falta de apoyo a estos adolescentes en la escuela. Lo que se refleja en el comportamiento de los adolescentes, siendo algunos de ellos atendidos por las autoridades por presentar conductas inadecuadas e incumplir con los deberes escolares. Los análisis correlacionales han mostrado una ligera conexión entre los estilos de crianza y los problemas emocionales. Muestran una relación significativa negativa entre la inestabilidad emocional y los factores de crianza de Apoyo (r= -.154; p<0.01), Autonomía (r= -.126; p<0.01), Disciplina (r= -.194; p<0.01), y Satisfacción por la crianza (r= -.088; p<0.05). La misma tendencia negativa aparece entre la agresividad y los factores de la crianza y los de Comunicación (r= -.112; p< 0.01), Disciplina (r= -.117; p< 0.01), Satisfacción por la crianza (r= -.124; p< 0.01) y Apoyo (r= -.099; p< 0.05).(21)

En el caso de los adolescentes del grupo testigo, existe una mayor preocupación por los miembros de la familia por los resultados docentes, además, se realizan visitas periódicas a la escuela y asisten a las reuniones de padres y otras actividades programadas por la institución.

Los resultados obtenidos en la entrevista indican una mayor vulnerabilidad en el contexto familiar de los adolescentes CDA, lo que se refleja en la deficiente relación familia-escuela e incide negativamente en el desarrollo de su personalidad. No resultaron significativos los antecedentes de daño orgánico prenatal, perinatal o posnatal.

El intercambio con los docentes permitió conocer las limitaciones psicopedagógicas y contextuales para ofrecer una atención diferenciada a los adolescentes CDA, lo que se agudiza al tener que trabajar con grupos numerosos y al no existir una estrategia bien definida desde lo pedagógico para ofrecerle la orientación escolar que ellos y su familia necesitan.

En cuanto a la prosocialidad en ambos grupos, no se muestran diferencias significativas. En ambos grupos se evidencia la sociabilidad como la dimensión que muestra resultados más significativos para el total de la muestra. Se evidencia un comportamiento prosocial con manifestaciones entre adecuadas y elevadas en ambos grupos, los adolescentes SDA se caracterizaron por manifestaciones elevadas en su mayoría. Se constatan con mayor fuerza las dimensiones relacionadas con la empatía y el respeto, donde el liderazgo permanece en igualdad de condiciones con los adolescentes CDA, los que manifestaron un nivel superior de sociabilidad, lo que se explica a través de las características propias de la etapa en la que se expresa una gran necesidad de relacionarse en la esfera afectiva de manera adecuada con otras personas, especialmente con el grupo etario. Las diferencias encontradas en el indicador respeto que expresan una mayor afectación en los adolescentes CDA, están asociadas a sus manifestaciones conductuales de intranquilidad, impulsividad y pobre control inhibitorio que llevan, en ocasiones, a conductas no deseadas y actos de indisciplina. La información obtenida coincide con diversas investigaciones transversales y longitudinales que han revelado que la conducta prosocial se relaciona positiva y significativamente con el adecuado desempaño en el contexto escolar.(22)

La Conducta Antisocial evidencia el predominio de indicadores de la conducta antisocial en el grupo de adolescentes (CDA). Sin embargo, esta se ve más afectada en las dimensiones retraimiento/ansiedad y al aislamiento sobre la dimensión de agresividad. En este caso se refleja el sentir de estos adolescentes con relación al grupo y la actitud de este hacia ellos caracterizado por el rechazo y la crítica ante el fracaso de las actividades cotidianas de la escuela. Estos datos corroboran lo encontrado por un grupo de investigadores recientemente en relación a cómo la tendencia al aislamiento y el retraimiento/ansiedad pueden configurarse en muchos adolescentes con antecedentes de dificultades para aprender por la propia minusvalía y tendencia a la inseguridad que va surgiendo simultáneamente con las dificultades en el desempeño escolar.(23)

Se evidenció un riesgo moderado de aislamiento y soledad en ambos grupos, donde tienen mayor incidencia los adolescentes CDA. En cuanto al análisis de las dimensiones por separado, son estos últimos los que se muestran en condiciones más desfavorables. Es decir, los adolescentes (CDA) son más propensos a estar en riesgo de aislamiento o de soledad, toda vez que su propia condición los sitúa en desventaja en relación con el resto del grupo.

Los resultados obtenidos son el reflejo de la necesidad inmediata de ofrecer una atención personalizada desde el punto de vista pedagógico y psicopedagógico con el objetivo de evitar la aparición de trastornos disociales. La evaluación general de la conducta prosocial no aportó diferencia significativa entre los miembros de ambos grupos, lo que puede relacionarse directamente con un buen potencial de prosocialidad en ambos grupos y coincide con datos obtenidos en investigaciones anteriores.(18,24)

 

CONCLUSIONES

Se apreciaron diferencias entre los adolescentes de los grupos estudiados en cuanto a la influencia del contexto familiar en su desarrollo, donde predomina la presencia de un mayor número de familias disfuncionales en los miembros del grupo CDA, lo que incide en limitaciones en la relación hogar-escuela y en la preocupación por el desarrollo de la prosocialidad.

El comportamiento prosocial en ambos grupos se comportó de forma muy similar en cuanto a la expresión de los indicadores de empatía, respeto y liderazgo. Se notó mayor sociabilidad en los miembros del grupo CDA.

La información obtenida en el cuestionario de conducta antisocial aportó diferencias significativas entre los grupos estudiados con respecto a las dimensiones aislamiento y retraimiento/ansiedad sobre la dimensión de agresividad, que resultaron más notorias en el grupo de adolescentes CDA que en sus pares.

Los indicadores de aislamiento y soledad resultaron más elevados en los adolescentes CDA.

 

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Conflicto de intereses:

Los autores declaran no presentar conflicto de intereses para este artículo.

 



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