Reflexiones sobre la COVID 19, desde la perspectiva social
RESUMEN

El año 2020 sorprende al mundo con un nuevo coronavirus que produce la enfermedad COVID-19 altamente contagiosa, de una significativa letalidad. La enfermedad se expande por todos los continentes y se convierte en un desafío para la comunidad científica, los sistemas de salud, los servicios sociales, los gobiernos nacionales y los medios de comunicación social. Ante la emergencia, los saberes sociales contribuyen a la movilización e incorporación social de personas y grupos a la promoción de salud, a la generación, implementación y evaluación de políticas sociales dirigidas a minimizar los efectos de la pandemia. En el presente trabajo se propone como objetivo analizar, desde la perspectiva de la interrelación entre ciencia, tecnología y sociedad, los modelos de desarrollo social que priorizan lo económico sobre otros aspectos de la vida social.

ABSTRACT

The year 2020 surprises the world with a new coronavirus that produces the illness COVID-19 highly contagious, of a significant lethality. The illness expands to all the continents and turns into a challenge for the scientific community, the systems of health, the social services, the national governments and the media of social communication. Before the emergency, the social knowledge helps to the mobilization and social incorporation of persons and groups to the health promotion, to the generation, implementation and evaluation of social policies directed to minimize the effects of the pandemic. The present work proposes as objective to analyze, from the perspective of the interrelation between science, technology and society, the models of social development which prioritize the economy instead of other aspects of the social life.

Palabras clave:
    • COVID-19;
    • ciencia;
    • tecnología;
    • sociedad;
    • salud;
    • desarrollo social.
Key words:
    • COVID-19;
    • science;
    • technology;
    • society;
    • health;
    • social development.

INTRODUCCIÓN

El proceso de enfrentamiento a la pandemia ocasionada por la enfermedad COVID-19, generada por la circulación de un nuevo coronavirus, provoca la discusión no solo de las políticas y sistemas de salud en varios países del planeta sino, además se origina el cuestionamiento acerca los modelos de desarrollo, de las maneras de promover la investigación, la innovación y el conocimiento en sentido general.

En correspondencia con lo anterior varios países del norte, muchos de los cuales han sido escenarios complejos de contagios y muertes por el nuevo virus, confirman la idea de Núñez Jover acerca de que

“[…] las agendas de investigación no suelen estar pensadas para resolver los problemas de la humanidad, sino para fortalecer la competitividad y las ganancias de las grandes empresas”

.1

Las autoras a partir de visualizar la realidad que vive el mundo ante la expansión de la pandemia intentan reflexionar sobre determinadas preocupaciones que someten a debate. Para ello, se apoyan en la perspectiva teórica del desarrollo social que sostienen y en el cúmulo de información que a diario circula sobre la situación a escala global, sin detenerse en cifras ya que no resultan necesarias para el objetivo planteado. Ante los retos y desdichas que la emergencia epidémica plantea, se torna pertinente la máxima martiana que sentencia que

“[…] el ver de nada sirve, si no está la explicación de lo que se ve, si el entendimiento no convierte en elemento de juicio la visión”

.2

En las preocupaciones acotadas se incorporan indiscutibles aspectos que diferencian la realidad de Cuba, país que también enfrenta los múltiples desafíos de la situación epidemiológica, pero en condiciones muy diferentes a la de otros países; hostilizada de manera implacable por la nación más poderosa del planeta, víctima de un férreo bloqueo económico, comercial y financiero que, en tan compleja situación de pandemia mundial, impide la adquisición de insumos y equipos médicos para contribuir a la atención que su población amerita. No obstante, como dijera Cintio Vitier,

“[…] nuestra pequeña isla se aprieta y se dilata, sístole y diástole, como un destello de esperanza para sí y para todos”

.3

Por todo lo anterior, el presente estudio está dirigido a analizar, desde la perspectiva de la interrelación entre ciencia, tecnología y sociedad, los modelos de desarrollo social que priorizan lo económico sobre otros aspectos de la vida social.

DESARROLLO

En la región y en el país se convoca a los profesionales para que contribuyan desde sus disciplinas y proyectos de investigación a la solución de las diversas problemáticas que los contextos sociales experimentan debido a la situación de emergencia epidemiológica. El actual escenario mundial condiciona cambios en las estructuras y funcionamiento de las sociedades. Las ciencias sociales tienen aún mucho que aportar en el análisis de la situación actual y en la predicción del futuro ya que la humanidad no volverá a ser igual cuando esta pandemia se supere, en tanto, se han puesto a prueba los mecanismos sociales existentes que evidencian en las maneras de enfrentar la situación epidemiológica su ineficiencia para salvar algo tan preciado como la vida misma de los seres humanos.

Ciertamente se reconoce que la comunidad científica está llamada a publicar sus resultados, a reflexionar, comparar, analizar cuánto más es posible hacer en tan complejo contexto epidemiológico internacional y en particular, en el de Cuba; agravado por la situación política e ideológica internacional y por las actitudes de los EE.UU. hacia la isla caribeña.4

Atendiendo al llamado, las autoras promueven la reflexión en torno a determinadas preocupaciones que se hacen evidentes en la época de infestación mundial por COVID-19 y a las que se debe prestar atención, ya que sin lugar a dudas cambiaran las sociedades y modos de convivencia en ellas.

En primer lugar, se reconoce que el nuevo coronavirus se origina en China y se expande rápidamente a otros territorios del continente europeo que hasta la llegada de la epidemia son reconocidos como estados desarrollados, dígase industrializados poseedores de recursos, instituciones, servicios y personal de salud de reconocido prestigio y calidad.

Sin embargo, los medios de información refieren que, en la mayoría de los países afectados, colapsan los sistemas de salud. Resultan insuficientes los insumos, los servicios y el personal se desborda por la exigencia de la atención que demanda la epidemia. En realidad, todo ello es consecuencia de la racionalidad económica neoliberal que posibilita y explica los sucesivos recortes en los sistemas de salud en muchos de los países y que limita sus capacidades de respuesta ante la COVID-19.1

Si esto ocurre, se carece de protección. En las sociedades actuales la necesidad de protección resulta insatisfecha. Simplemente los satisfactores no son suficientes y se viven situaciones de pobreza de salud generalizada. Pobreza que muestra muchas carencias, pero que también moviliza a suplirlas con formas muy creativas en los diversos contextos. Reflexionar sobre lo que pasa hoy es un modo también, de contribuir a suplantar las privaciones, cuestionarse prácticas sociales, formas de organización, modelos políticos y valores que inciden en la expresión de las necesidades humanas. Según la valoración de Max Neef,

“[…] los sistemas curativos, la prevención y los esquemas de salud, en general, son satisfactores de la necesidad de protección”

.5) Por consiguiente, si esos sistemas no funcionan adecuadamente ante una situación emergente los seres humanos no están realmente protegidos.

En segundo lugar; los mayores estragos de la pandemia están asociados a la pérdida de vidas humanas, número que fue creciendo y continúa ascendiendo a diario en decenas de miles de personas. Efectivamente, las sociedades afectadas ante la aparición de una enfermedad pierden su mayor riqueza: los seres humanos, y la totalidad de sus actividades resultan perturbadas. Sin embargo, muchas noticias refieren preponderancia en la repercusión económica, la situación de las finanzas, el comercio, entre otras.

Si en una sociedad ante una contingencia, las pérdidas de los seres humanos resultan significativas, es menester cuestionarse el hecho de reconocer o no el carácter de desarrollada que posea la sociedad, aquella que pierde su mayor riqueza. Ello conlleva al debate acerca del desarrollo social como proceso humano donde lo esencial no sea el modo de producción que crea la mayor riqueza sino el modo de producción que crea mejores ciudadanos. Es preciso reactivar la cuestión acerca de que el objetivo de la producción debe ser las personas y no la riqueza económica.

Cuba garantiza a su población una cobertura universal gratuita de salud. Y logra que las investigaciones y las innovaciones científicas se correspondan con los objetivos sociales. Por tanto, se sustenta una política de salud que en coordinación con otros sectores de la economía y del sistema político del país permite en una situación como la de enfrentamiento a la COVID-19, suplir algunas carencias de recursos y lo más importante, poner en función de la emergencia socioepidemiológica los centros de investigación y a todo el personal calificado. En tales circunstancias se evidencia la valía de una política científica, orientada a objetivos sociales, que pondera la toma de decisiones.

En tercer lugar; se alerta que el grupo de las personas mayores de 60 y más años es el más afectado y generalmente, las cifras indican que son las víctimas fatales. Pero resulta curioso que la causa se asocia fundamentalmente a las condiciones de salud poco favorables en comparación con otros grupos etarios que tienen las personas mayores (enfermedades crónicas, deterioro físico, dependencias, entre otras) y en algunos casos se refieren a las características biológicas del virus que lo hacen muy letal ante determinadas enfermedades de base que deprimen el sistema inmunológico. Una especie de virus dirigido a eliminar los individuos más débiles.

Se hace escasa referencia al proceso de envejecimiento demográfico que caracteriza a la gran casa común y, por tanto, se hacen pocos análisis acerca de que los mayores son generalmente un grupo humano de proporciones significativas en particular en los países afectados. Además, son un grupo etario muy vulnerable a las condiciones de vida que imponen los sistemas económicos industrializados. Son las personas que generalmente viven solas o en instituciones de cuidados, porque sus familiares más jóvenes están enrolados en las exigencias de la modernidad.

Por lo general, estos individuos poseen escasos ingresos, casi siempre las pensiones y jubilaciones no resultan suficientes para costear la subsistencia diaria y en muy pocas ocasiones la atención de salud. Son personas que la dinámica de las actuales sociedades va confinándolas a la soledad, al desamparo y en el peor de los casos al abandono. Por razones de edad, la salud de estas personas está acompañada de enfermedades crónicas no trasmisibles que les hacen muy susceptibles a procesos infecciosos.

Por tanto, los mayores mueren más no solo porque estén biológicamente más susceptibles, sino porque son también los más desprotegidos socialmente. En los sistemas sociales industrializados, el objetivo de la producción es la riqueza material para el lucro y el derroche y no para ampliar, equipar y hacer corresponder los servicios, insumos e instituciones de salud con las necesidades de las poblaciones que deben disfrutar del derecho universal a ella.

Es difícil asimilar las noticias que refieren en estos países insuficientes camas, equipos de respiración artificial, capacidades en hospitales, accesorios y personal para la atención. En particular es evidente el hecho de que se demanda no solo de una red de servicios médicos especializados y de calidad, para quienes puedan costearlo, sino que también se necesitan sistemas de protección con cobertura universal, atención primaria de salud y educación para la promoción de salud al alcance de todos.

En Cuba, sin distinción por la edad o por la posición social, todas las personas tienen derecho a la salud. A pesar de que es un país con significativo índice de envejecimiento demográfico y que a nivel global las personas mayores y las personas con condiciones de salud subyacentes se han identificado con un riesgo particular de COVID-19, la política del país y las decisiones de las autoridades gubernamentales se orientan a la protección y cuidado de estas personas para evitar contagios y muertes en correspondencia con las necesidades de salud de este heterogéneo grupo etario.

En las comunicaciones públicas a la población por parte de las autoridades sanitarias se enfatiza que toda persona está en riesgo de contagio, independientemente de la edad y que, si bien es cierto que las condiciones de salud crónicas y subyacentes pueden aumentar con la edad, las personas mayores pueden no tener esas condiciones de salud. Ello es reflejo de una postura ética, no discriminatoria en el tratamiento a las consecuencias de la epidemia en este grupo.

En consonancia con Lledó, quien reflexiona sobre las enseñanzas que deja esta situación epidémica, se apuesta a que después de esta crisis que se vive pase algo positivo, que lleve a la humanidad a reflexionar con una nueva luz, como si se saliera de la caverna de la que hablaba el mito de Platón, en la que los hombres permanecen prisioneros de la oscuridad y las sombras. Y ojalá esta crisis no sirva para ocultar otras pandemias gravísimas, plagas como el deterioro de la educación, de la cultura y del conocimiento.6

En una Europa desarmada por los efectos de la actual pandemia este filósofo ratifica su postura de que la sanidad y la educación, tienen que ser una y la misma para todos, y no deben marcarse por clases económicas. Es clave cultivar la inteligencia crítica y una situación como esta lo revela.6

En cuarto lugar; la situación epidemiológica mundial convida a reflexionar sobre el tema de los migrantes. Con el fomento y crecimiento de la sociedad industrial el proceso migratorio se fue transformando en un fenómeno global que crece significativamente, en particular en los últimos 50 años. Los países industrializados de Europa y EE.UU. se caracterizan como países receptores de un importante por ciento de inmigrantes. Sin lugar a dudas la realidad que impone la epidemia actual también concierne a estos grupos de personas que hoy solo se limitan a aceptar las consecuencias de sus actos.

La mayoría de ellos sin derechos a cobertura médica, con status social ilegal en estos países lo cual les limita el acceso a los servicios sanitarios, muchos sin hogares, ni trabajos u obligados a trabajar aún en condiciones de pandemia, porque necesitan hacer el diario para subsistir. Entonces, es importante indagar acerca de las razones que determinan la escasa referencia en los medios y en las redes sociales a la situación de salud que están pasando estos grupos en los países afectados. Sin lugar a dudas, los migrantes son personas y la actitud que asuman los gobiernos ante ellos definen los intereses humanos de los países.

En quinto lugar; se alude a la necesidad de que las personas cooperen en el control de la situación epidémica. Y los Estados toman medidas restrictivas para la circulación en los espacios públicos y despliegan dispositivos policiales para su cumplimiento. A pesar de ello, las personas no siempre tienen una adecuada percepción del riesgo.

Ello conlleva a reflexionar sobre cómo se ha realizado la promoción de salud, qué tan eficaz resulta. Desde que se celebrara en Ottawa, Canadá la Primera Conferencia Internacional de Promoción de la Salud se defendió la idea de establecer un modelo de atención de salud que incorporara los nexos entre contextos sociales y las personas que en ellos conviven como condicionantes de su salud.7

Es curioso que ya en 1997, en el marco de la Cuarta Conferencia de Promoción de la salud,8 celebrada en Yakarta, República de Indonesia, se hizo un llamado a reconocer que determinados fenómenos sociales contemporáneos exigían ser tomados en consideración por los gobiernos, porque amenazaban la salud y el bienestar de centenares de millones de personas. Entre estos se mencionaban: las tendencias demográficas, la urbanización, el aumento del número de personas mayores y la prevalencia de enfermedades crónicas, los crecientes hábitos de vida sedentaria, la resistencia a los antibióticos y otros medicamentos comunes, la propagación del abuso de drogas y de la violencia civil y doméstica, amenazan.

Igualmente, se reconoció entonces la urgencia de promover la responsabilidad social por la salud; así como, de considerar las necesidades de ciertos grupos poblacionales entre los que incorporaba a las personas de edad. Y se invita a consultar la declaración emitida en el 2016 en la celebración de la Novena Conferencia en Shanghai, China; bajo el título de La promoción de la salud en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible,9 por lo sugerente que resultan para una reflexión colectiva a la luz de lo que hoy se vive en materia de salud.

Entre los aspectos examinados destacan: la salud de las personas ya no se puede desligar de la salud del planeta, y el crecimiento económico por sí mismo no garantiza la mejora de la salud de una población. Es preciso conceder una alta prioridad a la innovación y al desarrollo para contribuir a que las personas disfruten de una vida sana, y dar precedencia a la salud de los más vulnerables. Fortalecer la buena gobernanza como aspecto esencial para la salud. Las políticas en pro de la salud y la justicia social benefician a toda la sociedad.9

La inversión en todos los determinantes de la salud tiene beneficios potenciales. Promover la idea de que los conocimientos sanitarios son una determinante fundamental de la salud, permite a las personas su participación en iniciativas colectivas de promoción de la salud. Esos conocimientos se basan en un acceso incluyente y equitativo a una educación de calidad y al aprendizaje permanente.9

Es hora de reflexionar qué ha pasado con el enfoque de las determinantes sociales de la salud o quizás cuestionarse las políticas públicas favorables y los entornos propicios para la salud en un grupo de países desarrollados.

En las circunstancias de aislamiento social impuestas por la COVID-19, en Cuba emergen como en otras muchas situaciones difíciles afrontadas por su población, la colaboración entre instituciones; la solidaridad entre sus pobladores, los diálogos interdisciplinarios. De manera particular, destacan las iniciativas individuales y colectivas para contribuir a paliar la escasez de recursos. Se hacen cotidianas las acciones de reconocimiento social a todos los que de forma altruista y desinteresada se entregan a las labores de enfrentamiento a la epidemia y se fortalecen los nexos directos con el gobierno, sus ministerios e instituciones; mientras se aprecia su armonía y conocimiento experto para tomar las decisiones adecuadas que contribuyan a salvar la vida de las personas en cada momento.

En sexto lugar, debe cuestionarse si después de lo vivido a consecuencia de la pandemia, los objetivos de desarrollo sostenible serán reformulados;10) ya que resulta poco probable garantizar para el 2030 el cumplimiento de determinados objetivos. Por solo mencionar algunos como el referido a la salud y bienestar que proclama

“[…] garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades”

,10 cuando una contingencia de salud como la que se vive en la actualidad ocasiona que el mayor número de víctimas fatales esté entre las personas de grupos vulnerables en particular, en los mayores de 60 años y más.

Curiosamente, una de las metas del mencionado objetivo propugna la necesidad de

“[…] cobertura universal de salud, servicios de salud esenciales de calidad y el acceso a medicamentos y vacunas seguros, eficaces, asequibles y de calidad para todos”

.10) La experiencia que se vive demuestra que no todos los países, particularmente los de la región latinoamericana, están preparados para garantizar tamaña meta.

Asimismo, otro de los objetivos de la Agenda para el Desarrollo Sostenible proclama el logro de ciudades y asentamientos humanos inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles para el 2030.10 Una de sus metas refiere,

[…] reducir significativamente el número de muertes causadas por los desastres, incluidos los relacionados con el agua, y de personas afectadas por ellos, y reducir considerablemente las pérdidas económicas directas provocadas por los desastres en comparación con el producto interno bruto mundial, haciendo especial hincapié en la protección de los pobres y las personas en situaciones de vulnerabilidad”;10

sin embargo, resultan significativas las muertes y las personas afectadas por la actual pandemia de la Covid-19.

Se coincide con Núñez Jover1 en que por supuesto,

“[…] la sociedad debería cambiar y mucho. La pregunta es si también la ciencia deberá cambiar en algo o en mucho”

, para que pueda responder a los propósitos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible proclamados por las Naciones Unidas.

Es sugestivo que ya en la Carta Encíclica Si’ Sobre el cuidado de la casa común,11 escrita en el 2015 por el Papa Francisco se hace un llamado de atención a individuos, gobiernos, empresas y organizaciones para adquirir un compromiso integral con el desarrollo sustentable. En ella Francisco ratifica la idea de que el mundo vive en una crisis socio-ambiental compleja donde la degradación ambiental, la degradación humana y ética están íntimamente unidas. Ello se hace evidente en las actuales maneras de enfrentar la actual crisis de salud.

También, el Santo Padre indica que la humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo. Convoca al cuestionamiento

“¿Para qué se quiere preservar hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario hacerlo?”

.11). Reconoce, la existencia de excesivos intereses particulares en el mundo contemporáneo, pero, el interés económico muy fácilmente prevalece sobre el bien común.

Así mismo, apela a fortificar la razón de que todas las personas constituyen una sola familia humana, y están conectadas, por ello, cada una debe ser valorada con afecto y admiración, en consecuencia, todos los seres se necesitan los unos a los otros, algo imprescindible en las actuales circunstancias. De igual manera, pondera que la falta de reacción es signo de la pérdida del sentido de responsabilidad por los semejantes; valor sobre el cual se funda toda la sociedad civil.11

Touraine asevera que las epidemias no lo son todo, porque habrá otras catástrofes. El sociólogo francés sentencia

“[…] creo que entramos en un nuevo tipo sociedad: una sociedad de servicios, como decían los economistas, pero de servicios entre humanos”

(12. Y aunque en la actualidad domina la impotencia para combatir el virus, ello alienta a los hombres a buscar soluciones a la crisis social que se vive.

Muchas de las cuestiones planteadas se conocían, ya estaban dichas y, sin embargo; resulta aún insuficiente lo que se hace con el saber acumulado. Particularmente es ineludible que las ciencias sociales asuman posturas más críticas ante los fenómenos reales. El asunto es lograr que el conocimiento adquirido contribuya a transformar el mundo para convertirlo en un mundo de bien común.

CONCLUSIONES

Las experiencias de la actual emergencia epidemiológica demandan que las sociedades del presente siglo adecuen sus agendas de investigación, para que respondan a las contingencias de sus comunidades, entre ellas las de salud.

Se torna pertinente el fortalecimiento de sistemas de gobernanza social que garanticen a sus poblaciones el acceso universal a los servicios de salud, protección a los colectivos más vulnerables, así como, la promoción y la educación de salud.

Se exige un enfoque integrador de los diversos saberes tecnocientíficos, de las políticas públicas y de la toma de decisiones para contribuir al bienestar individual y colectivo.

Se debe avanzar hacia sociedades más solidarias, humanas donde la mejor de todas las riquezas producidas sean sus seres humanos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Historial:
  • » Recibido: 03/05/2020
  • » Aceptado: 15/06/2020
  • » Publicado : 05/07/2020


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